La palabra “feromona” proviene de las palabras griegas ‘pheran’ y ‘horman’ que significan “portadora de excitación”. Las feromonas son sustancias químicas de origen natural secretadas por plantas, insectos, animales, sobre todo los mamíferos y por los seres humanos para atraer la atención, tanto sea del sexo opuesto como del mismo.
La conducta humana es mucho más compleja que la de otros tipos de animales, aunque tengan iguales algunas necesidades y ciertos instintos naturales. Todos los seres vivos tienden a reproducirse y a aparearse. La secreción de feromonas es un mecanismo natural de atracción mutua al sexo opuesto. Ya hace mucho tiempo que los hombres y las mujeres tienen conocimiento de que la atracción sexual y el olor están relacionados entre sí. ¡Es por eso que cada año se gastan millares de euros en perfumes y aromas! Y aunque las feromonas no tienen olor, son captadas por el órgano del vómero nasal (OVN), situado en la parte trasera de la nariz, el cual envía esta información directamente al hipotálamo de nuestro cerebro, lugar donde se controlan nuestras emociones y sensaciones. Lo esencial en la secreción de feromonas es la garantía de la atracción con otro representante de la misma especie, de un mismo género y de forma natural. Por eso es lógico que al aplicar feromonas adicionales incrementes su atracción sexual, el “sex-appeal”.

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